La ciudad más antigua de Uruguay, con las calles empedradas del Barrio Histórico y un faro frente a Buenos Aires: la excursión perfecta al otro lado del estuario.
Colonia del Sacramento es uno de esos pocos lugares donde una excursión de un día se justifica por completo: una ciudad pequeña, compacta y fácil de recorrer a pie, a la que se llega cómodamente en ferry desde Buenos Aires y desde la que puedes volver a tiempo para cenar. Pero, si puedes pasar la noche, hazlo: Colonia al anochecer, cuando ya se han ido las multitudes del día, es un lugar completamente distinto.
El principal atractivo de la ciudad es su barrio colonial bien conservado, de los siglos XVII y XVIII, el primer sitio uruguayo declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, en 1995. Portugal y España se arrebataron Colonia siete veces después de su fundación en 1680; el resultado es una mezcla de dos tradiciones arquitectónicas en unas pocas manzanas empedradas. Puedes recorrer el Barrio Histórico sin prisa en 3–4 horas; todo el centro histórico se visita a pie y no hace falta coche.
Un día es el mínimo y basta para una excursión. Pero Colonia tiene dos caras: de día llegan multitudes en ferry desde Argentina; al caer la tarde, después de la última salida, las calles quedan casi vacías y desde la antigua rampa y el muelle se ve una puesta de sol sobre el Río de la Plata que merece las horas extra. Si quieres vivir esa experiencia, pasa la noche.
El Barrio Histórico, con sus calles empedradas y casas bajas, es el corazón de todo. Los principales lugares de interés forman un único circuito a pie:
El departamento de Colonia también tiene bodegas propias: Los Cerros de San Juan, la más antigua del país, y las fincas de los alrededores de Carmelo, como Narbona, donde puedes probar Tannat, la variedad de uva tinta emblemática de Uruguay. Por lo general, las catas requieren cita; llegar sin coche es complicado, así que conviene planificar una escapada enológica como parte de una ruta más amplia por el país.
La cocina es sencilla y se centra en la carne. Prueba un chivito, el sándwich emblemático de Uruguay, con ternera, jamón, huevo, beicon y queso, tan contundente que cuenta como una comida completa. También encontrarás parrilla/asado (carne a la brasa), milanesa y dulce de leche en todas sus formas para el postre. Uruguay no es uno de los destinos más baratos de Sudamérica, y el centro turístico de Colonia está por encima de la media: los cafés de la Plaza Mayor y de las calles principales cobran bastante más. Aléjate un par de manzanas del barrio declarado Patrimonio de la Humanidad y los precios serán mucho más razonables.
Cómo ahorrar: toma un ferry temprano para ir y uno tardío para volver, en vez de pasar la noche; compra la entrada combinada a los museos; come fuera del núcleo turístico; reserva los billetes de ferry por internet con antelación.
La mejor época para visitar la ciudad es el verano uruguayo y la temporada intermedia, desde finales de primavera hasta principios de otoño (noviembre–marzo), cuando hace calor y todos los cafés están abiertos. El invierno es más tranquilo y barato, pero muchos sitios cierran más temprano. Colonia es una de las localidades pequeñas más seguras y apacibles de la región, y resulta muy agradable pasear por la tarde-noche.
Errores habituales: llegar en fin de semana, cuando aumenta el número de visitantes argentinos; olvidar el pasaporte (se cruza una frontera internacional); calcular mal la hora del último ferry y quedarse varado; intentar visitar las bodegas sin coche. Y no te vayas con prisas justo después de comer: merece la pena quedarse para ver la puesta de sol.
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