El acueducto de Valente cruza el valle entre dos colinas de la península histórica y sigue siendo la estructura romana más visible de Estambul. Su construcción terminó en 373, durante el reinado del emperador Valente, aunque el sistema de abastecimiento de agua del que formaba parte ya se había desarrollado antes y recorría muchas decenas de kilómetros desde los bosques de Tracia. La arcada de dos niveles está construida con piedra labrada y hileras de ladrillo; el tramo que se conserva mide unos novecientos setenta metros de largo y alcanza casi veinte metros de altura en su punto más alto. Después de 1453, los otomanos no abandonaron el acueducto, sino que lo incorporaron a su propia red de abastecimiento de agua y lo repararon durante los reinados de Mehmed II y Solimán el Magnífico. El agua siguió circulando por él hasta el siglo XIX. Hoy, el bulevar Atatürk pasa bajo sus arcos y los autos atraviesan aberturas que apenas han cambiado en mil quinientos años. En el lado sur, la mezquita de Şehzade llega casi hasta el acueducto; al norte comienzan los barrios de Fatih. Así, la estructura no parece una pieza de museo, sino parte de la vida cotidiana de la ciudad.
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