Sídney es conocida por hitos arquitectónicos como la Ópera y el Harbour Bridge, y por la escénica playa de Bondi.
Sídney es la ciudad más grande y más antigua de Australia, extendida en torno al pintoresco puerto natural de Port Jackson, en la costa sudeste del continente. Fundada en 1788 como la primera colonia británica, hoy es la capital financiera, cultural y turística del país, con una población cercana a los cinco millones, donde los rascacielos ultramodernos conviven con playas interminables y parques nacionales.
La ciudad creció a partir del presidio de convictos establecido por la expedición del capitán Arthur Phillip en Sydney Cove, y es aquí, en el actual barrio de The Rocks, donde sobreviven los callejones adoquinados y las casas de piedra más antiguos de la época colonial. The Rocks merece una visita por sus museos, su mercado artesanal de los sábados y sus pubs históricos. Desde aquí se abre una panorámica de las dos grandes tarjetas de presentación de la metrópolis: la Ópera y el puente del puerto. El centro administrativo y de negocios (el CBD), con la Sydney Tower Eye y la galería comercial Queen Victoria Building, queda a unos minutos a pie.
Más allá del centro vale la pena recorrer los barrios con más carácter. Surry Hills es famoso por sus cafeterías y boutiques; Newtown, por el arte urbano, las tiendas vintage y una oferta gastronómica amplísima; y Glebe, por sus librerías y su mercado de fin de semana. El animado Darlinghurst se ocupa de la vida nocturna; el vecino Kings Cross fue en su día su epicentro, pero está mucho más tranquilo desde las leyes de cierre nocturno de 2014. Es aquí donde se percibe ese ambiente relajado y acogedor por el que se aprecia a los habitantes de Sídney.
La gastronomía de la ciudad es multinacional gracias a potentes oleadas de inmigración. Los australianos están orgullosos de su cultura del café y consideran el flat white un invento local. El desayuno clásico son las tostadas con Vegemite, y en la costa gozan de popularidad perpetua el fish and chips y las barbacoas en las parrillas públicas de los parques. Vale la pena probar el marisco fresco en el mercado de pescado y los platos asiáticos en Chinatown. Para fruta barata y comida callejera, mira en Paddy's Markets.
La red pública se unifica con la tarjeta Opal: sirve en el metro, los trenes de cercanías, los autobuses, los tranvías y los ferris, con un tope diario de gasto. Los ferris del puerto son a la vez un transporte cómodo y una excursión turística completa con vistas de la línea de costa. Buena parte del centro se recorre a pie, y los taxis y Uber funcionan con fiabilidad.
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