Localidad portuaria del suroeste de Turquía, en una bahía cerrada del mar Egeo: tumbas rupestres licias sobre el centro, la laguna de Ölüdeniz y los parapentes que despegan de Babadağ, y el pueblo abandonado de Kayaköy en la ladera.
Fethiye se encuentra en el suroeste de Turquía, al fondo de una bahía cerrada del mar Egeo, y tiene unos ciento setenta mil habitantes. La antigua Telmessos fue una ciudad licia famosa por sus adivinos; de ella quedan las tumbas excavadas en los acantilados sobre el centro, visibles desde cualquier punto del paseo marítimo. El nombre moderno data de 1934 y honra a Fethi Bey, un piloto que murió en un accidente. Apenas queda casco antiguo: el terremoto de 1957 destruyó casi todos los edificios anteriores y Fethiye se reconstruyó desde cero. Hoy es a la vez un puerto activo, punto de partida de cruceros en yate por la costa licia y la localidad más cercana a la laguna de Ölüdeniz.
La tumba de Amyntas se excavó en un acantilado vertical sobre la ciudad hacia el 350 a. C. Su fachada imita un templo jónico, con dos columnas y un frontón; dentro hay una cámara vacía. La subida por las escaleras lleva unos quince minutos y desde arriba se abre toda la bahía. En la ladera de abajo hay tumbas más sencillas, y sarcófagos licios aparecen en las calles, entre las casas, donde el paso del tiempo los dejó.
La fortaleza sobre la ciudad se atribuye a los Caballeros Hospitalarios, aunque sus cimientos son más antiguos. Dentro hay poco que ver; se sube por las vistas.
Ölüdeniz, a 15 kilómetros al sur, es la laguna turquesa que aparece en las portadas. Es un espacio protegido con entrada de pago; la playa es de guijarros y el agua de la laguna es tranquila y cálida. Sobre ella se alza Babadağ, de casi dos mil metros, desde cuya cima despegan parapentistas. El descenso dura unos veinte minutos y es la principal atracción de la zona.
Kayaköy, a ocho kilómetros, es un pueblo abandonado, conocido como Levissi en griego hasta 1923. Tras el intercambio de población entre Grecia y Turquía, sus habitantes se marcharon y nadie ocupó su lugar: quedaron en la ladera varios cientos de casas de piedra vacías y dos iglesias. Es un lugar impactante y no tiene nada de complejo turístico.
El aeropuerto más cercano es el de Dalaman, a 50 kilómetros; en verano recibe vuelos chárter de toda Europa. Los autobuses del aeropuerto llegan a la estación de autocares de Fethiye en aproximadamente una hora.
No hay tren. Los autobuses conectan la localidad con Antalya en cuatro horas por la carretera de montaña y con Esmirna en siete. Desde Estambul el trayecto se hace durante la noche.
Los dolmuş recorren la costa: en temporada salen cada pocos minutos hacia Ölüdeniz, Çalış y Kayaköy; en invierno pasan con mucha menos frecuencia. Para Saklıkent y las ciudades licias del interior necesitas coche, mientras que el centro se recorre fácilmente a pie.
El centro de Fethiye es para quien busca una ciudad: tiene paseo marítimo, mercado de pescado y la estación de autocares cerca. La playa, sin embargo, no está en el centro, sino en Çalış, a cinco kilómetros: una larga franja de arena y guijarros con vistas al atardecer sobre las islas.
Ölüdeniz y Hisarönü, en la ladera de arriba, son zonas turísticas en toda regla, llenas de hoteles y bares y muy ruidosas en verano. Son las bases más cercanas a la laguna.
Kayaköy y los pueblos de alrededor son la opción tranquila, con vistas al valle, aunque hace falta coche. Los precios varían mucho según la temporada: en agosto cuestan el doble que en mayo.
El desfiladero de Saklıkent, a 45 kilómetros, es una hendidura de trescientos metros de profundidad en la roca, con un río helado que discurre por el fondo. El primer tramo se recorre por una pasarela suspendida; después hay que vadear el agua.
Tlos está en la misma carretera: una ciudad licia sobre un risco, con tumbas, teatro y una fortaleza otomana en la cima. Más al sur están Xanthos y Letoon, ambas incluidas en la lista de la UNESCO, y Patara, con su larga playa desierta y el edificio de la asamblea excavado.
La excursión en barco por las doce islas dura todo el día y sigue siendo la forma más sencilla de ver la bahía. Al Valle de las Mariposas solo se llega por agua o por un sendero empinado desde arriba.
Mayo, junio, septiembre y octubre son los meses ideales: el mar está cálido, el aire ronda los veintiocho grados y puedes recorrer las ruinas y los desfiladeros sin achicharrarte. La temporada de baño se extiende de mayo a noviembre.
Julio y agosto son calurosos, con más de treinta y cinco grados, y están muy concurridos. En esas fechas conviene visitar por la mañana y dejar la tarde para el mar. El calor también limita el parapente por las corrientes térmicas y los horarios de vuelo.
El invierno es suave, ronda los quince grados, pero es lluvioso: el suroeste de Turquía recibe entonces la mayor parte de sus precipitaciones. Algunos hoteles y rutas de dolmuş cierran durante el invierno, pero se puede recorrer el Camino Licio sin el calor agobiante.
La costumbre local que conviene conocer es la del mercado de pescado del centro: eliges el pescado en un puesto y los restaurantes de la plaza lo preparan por un pequeño suplemento y lo sirven con ensalada. Sale más barato que un restaurante corriente y el precio es bastante más transparente.
También se suelen pedir köfte, gözleme en los pueblos junto a la carretera y miel de pino, que se recolecta en estas montañas. Las verduras y los cítricos son de la zona, y el mercado se celebra los martes.
Se aceptan tarjetas en todas partes; necesitas efectivo para los dolmuş, el mercado y los pueblos.
En Fethiye prácticamente no queda casco antiguo: el terremoto de 1957 destruyó casi todo, y cualquier edificio que parezca antiguo es una tumba antigua o una reconstrucción. No es un destino para buscar arquitectura otomana.
Los vuelos desde Babadağ dependen del tiempo y del viento, y se cancelan; deja un margen de un par de días si ese es el motivo de tu viaje. La entrada a la laguna de Ölüdeniz es de pago y está restringido bañarse fuera de la zona señalizada.
Las carreteras de montaña son estrechas y sinuosas, y las distancias del mapa engañan: los 45 kilómetros hasta Saklıkent llevan una hora. El Camino Licio empieza en Ovacık, sobre Ölüdeniz; necesitas calzado adecuado y agua. La ruta está señalizada, pero casi no hay agua en el camino.
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