La capital gastronómica de América Latina, con los mejores restaurantes del continente y huacas precolombinas incrustadas en sus propios barrios.
Lima es la ciudad más grande y la capital del Perú, extendida sobre la costa desértica del Pacífico, en los valles de los ríos Rímac, Chillón y Lurín. Es el centro político, financiero y, sobre todo, culinario del país: está reconocida ampliamente como la capital gastronómica de América Latina.
La ciudad fue fundada por el conquistador español Francisco Pizarro el 18 de enero de 1535 con el nombre de Ciudad de los Reyes, y durante casi tres siglos fue la capital del Virreinato del Perú, el bastión más importante de la Corona española en América del Sur. Desde aquí se gobernaban territorios inmensos que iban de Panamá a Tierra del Fuego; aquí se acuñaba la plata de las minas de Potosí y aquí se fundó una de las primeras universidades del continente, San Marcos (1551). El núcleo histórico entró en la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco en 1988.
Hoy, Lima Metropolitana reúne a unos 10 u 11 millones de personas, cerca de un tercio de toda la población del país. El clima es inusual: pese a la cercanía del ecuador, es fresco y casi sin lluvias, aunque de junio a septiembre se instala una espesa capa nubosa invernal conocida como garúa. La mejor época para visitarla es el verano austral, de diciembre a abril, cuando el cielo se despeja y el mar se templa.
Las huacas, santuarios prehispánicos de adobe, están repartidas por toda la ciudad: además de Pucllana, vale la pena visitar la Huaca Huallamarca, en el distrito de San Isidro.
Es en la mesa donde Lima se revela por completo. La gastronomía peruana es una fusión de las tradiciones indígenas con influencias españolas, africanas, chinas y japonesas. Platos que no hay que perderse:
El acompañamiento natural es el coctel nacional, el pisco sour, hecho con aguardiente de uva. Lima coloca de forma constante varios restaurantes en el ranking de los World's 50 Best Restaurants, entre ellos Central, Maido y Astrid y Gastón, que marcan la pauta de la alta cocina creativa. Dicho esto, se come igual de bien en los sencillos locales de menú del día o en el Mercado de Surco.
Tres días alcanzan para hacerse una idea sólida de la ciudad: uno para el centro colonial, otro para Miraflores y Barranco con las huacas de la costa, y un tercero para los museos y una salida a Pachacámac. Desde el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez, en el Callao, lo más práctico para llegar a los distritos turísticos es un taxi oficial o un traslado reservado con antelación. La mayoría de los visitantes se aloja en Miraflores o San Isidro, barrios seguros y cómodos para caminar. Al atardecer vale mucho la pena ver el Circuito Mágico del Agua, en el Parque de la Reserva: un conjunto de fuentes con récord Guinness y un espectáculo de música y luces. Como en cualquier ciudad grande, hay que cuidar bien las pertenencias en el centro y en las afueras, y evitar las calles solitarias después de que oscurece.
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